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Carla Vaccaro

Hacia la equiparación femenina en la administración y liderazgo de proyectos

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La cuestión de género a la hora de ocupar cargos gerenciales o de mando, sigue siendo en la actualidad un tema que requiere soslayarse. Es sabido que la diferencia de género sigue generando diferencias contractuales, económicas, sociales y sociales. Por ello, el abordaje del tema es responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Las políticas educativas y una correcta comunicación de los medios masivos de comunicación que tanto impacto tienen en la formación de la opinión pública, por un lado; y,

por el otro, el ejercicio de los derechos de las mujeres, los cuales en algunos casos están reconocidos pero no siempre bien ejercidos y la superación de aquellos temores, complejos e inseguridades que frenan o demoran la inserción de la mujer en ámbitos en los cuales los hombres se desempeñan hace años; todo ello en su conjunto, son los puntos de partida para la igualdad en el acceso al ámbito económico, empresarial y laboral de la mujer. Ahora bien, no se trata de una lucha que deba llevar adelante la mujer, sino de una labor coordinada también con el hombre, porque el objetivo es lograr las mismas oportunidades no ganar una competencia. Las mujeres contamos con una sensibilidad que aporta una perspectiva poco desarrollada en los modelos de negocio tradicionales y ello es una herramienta poderosa a desarrollar dentro del ámbito emprendedor.

 

De lo anterior, podemos concluir que el trabajo en equipo es lo que fortalece a una comunidad. Y pensar el desarrollo de un emprendimiento como creación de una comunidad con objetivo específico es un punto de vista que merece explorarse al momento de armar un negocio o iniciar un proyecto. Las mujeres emprendedoras tienden casi naturalmente a asociarse con otras mujeres. Ello puede deberse a un preconcepto de afinidad por el género, aunque es importante evaluar el perfil del socio para que el proyecto funcione. Para ello, es fundamental tomar conciencia que cuando creamos una nueva empresa, esa empresa pasa a ser un ente diferente a la persona que lo creó. En ese sentido, el proyecto comienza a tener vida propia, y necesidades propias –diferente a las de las personas que lo lideran- y es fundamental armar un equipo interdisciplinario capaz de nutrir al proyecto con las herramientas necesarias para su desarrollo.

 

El autoconocimiento implica conocer tanto las fortalezas como las debilidades, sin mentirse, asumiendo ambas a fin de poder aprovechar las oportunidades y neutralizar las amenazas. El proceso de autoconocimiento es recomendable hacerlo tanto de las personas que participan del proyecto como de la empresa en sí misma. Este proceso de autoconocimiento es para la mujer una herramienta descubridora de herramientas guardadas que empoderan a la mujer en su rol empresarial. Superada esta etapa, es posible encarar de manera profesional el desarrollo del proyecto con una expectativa de éxito mayor.

 

Cada vez es mayor la cantidad de mujeres que lideran proyectos de alto impacto a nivel mundial. El cambio de paradigma está en nuestras manos.

 

 

 

Carla Vaccaro

Abogada.

 

Voluntaria en línea de la ONU.

 

 

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